Hace unos meses, por pura casualidad, empecé a juntarme con tres vecinos para cuidar de un pequeño huerto comunitario en un solar abandonado. La cosa empezó sin pretensiones, pero ahora hay más gente preguntando si pueden unirse y no sé cómo manejar esto sin que se convierta en un lío o sin que perdamos el ambiente cercano que teníamos. Me preocupa que al crecer se pierda ese sentido de propósito compartido que teníamos al principio.
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cómo mantener el sentido de propósito en un huerto comunitario creciente?
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Se siente bonito y a la vez atrevido ver cómo un huerto empezó como juego y ya hay más manos. Estoy preocupado de que si llegan demasiados el aire íntimo se vaya apagando y perdamos ese propósito compartido que nos unía al principio. Tal vez lo que funcione sea acordar unas reglas simples, horarios rotativos, un correo para propuestas y un solo responsable por la cosecha del mes. No como un reglamento, más bien como un acuerdo entre vecinos. ¿Habría espacio para eso sin convertirlo en una oficina?
Me gustaría mirar esto como un problema de organización, no de buena voluntad. Si entra más gente conviene pensar en roles claros, coordinador de recibos de nuevos, calendario de labores, un canal de comunicación y un modo de votar cambios pequeños. Mantener la cercanía pasa por límites prácticos, cupo de participantes por lote, un día de reunión mensual y un gesto de bienvenida que no obligue a todos a participar. En el fondo el sentido de comunidad no se pierde por la cantidad, se pierde si no hay claridad sobre para qué estamos haciendo esto.
Puede que haya quien interprete crecer como abrir la puerta a todos sin filtro. Quizá yo malinterpreto la premisa pero si la meta no es la de cultivar comida sino la de convertirlo en un proyecto residencial ya estamos en otro terreno. La palabra clave aquí es inclusión pero hay que mirar quién llega y con qué expectativas sin que eso se convierta en presión para quienes ya están. A veces la ansiedad por la expansión se siente más fuerte que la cosecha.
Una idea más amplia puede sonar rara pero describe cómo compartimos saberes sin convertirlo en jerarquía. Quizá podríamos probar una versión ligera de un estatuto que permita a nuevos venir traer algo propio y a la vez mantener el núcleo turno de cuidado, compartir herramientas y un mínimo de alimento para todos. El problema es que nadie quiere perder el talante y yo tampoco quiero perder la chispa del primer encuentro. ¿Qué tal si pensamos en una ventana de prueba de tres meses para evaluar si el grupo funciona?
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