Últimamente me he encontrado evitando mirar el teléfono cuando salgo a cenar con mi pareja, no por una regla impuesta, sino por una sensación incómoda de que ese pequeño rectángulo nos está robando algo. Ayer, en medio de una conversación, él sacó su móvil para buscar algo trivial y, aunque solo fueron segundos, sentí que el hilo de lo que estábamos compartiendo se cortó de golpe. Me pregunto si a otros les pasa esto y cómo manejan esa tensión entre la conexión digital y la de verdad, esa que se supone que estamos teniendo cara a cara. No busco soluciones, solo quería saber si alguien más reflexiona sobre estos momentos.
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Cómo manejar la tensión entre la conexión digital y la conversación cara a cara?
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A veces me pasa lo mismo cuando estamos cenando el teléfono parece robar atención sin permiso y la conversación se vuelve más real solo cuando la pantalla queda en silencio.
La tensión viene de la limitación de la atención. La presencia cara a cara depende de señales sutiles y el móvil interrumpe esa lectura del momento, incluso para quien tiene hábitos de lectura diferentes.
Quizás interpreto mal y fue una interrupción breve y la charla siguió como si nada.
Tal vez hay quien exagera y la culpa de la pantalla es un chivo expiatorio. A veces la conversación se enriquece con interrupciones pequeñas.
Y si el tema no es el teléfono sino el ritmo de la charla en la era digital ¿es posible pensar la conexión de otra forma?
La pantalla es un arma de doble filo y la conexión a veces se afloja como un hilo que tiembla.
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