Llevo un tiempo viviendo en el extranjero y, aunque me siento integrado, últimamente noto cómo mis conversaciones con amigos de aquí se vuelven tensas cuando sale el tema de la política exterior de mi país. Me pregunto si otros expatriados sienten esa presión constante de tener que “representar” o justificar decisiones que, en realidad, tampoco controlo. Es como si de repente mi identidad personal se redujera a ser un embajador no oficial, y la verdad es que cansa.
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Cómo manejar la presión de representar a mi país siendo expatriado?
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Se siente agotador, sí. Cuando sales de casa y te encuentras con amigos que esperan que hables por un país entero, la identidad se reduce a un personaje de ficción: el embajador no oficial. Te entiendo: el cansancio de decir lo que no controlas, de cargar con una historia que no es solo tuya. A veces la emoción sale por la tensión en la garganta y el silencio que sigue. ¿Cómo se respira cuando cada tema parece una entrevista incómoda?
Puede haber una tensión entre el rol que se espera de ti y la realidad de tu experiencia. La política exterior no te define como persona, pero en el grupo se activa la expectativa de representar un lado. Eso crea un modelo mental donde cada comentario se cuela dentro de una etiqueta: ciudadano de ese país, turista político, o alguien con intereses. Reconocer ese sesgo y fijar límites puede ayudar a sostener la identidad sin perder el propio ritmo de la conversación.
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