Últimamente me cuesta mucho desconectar del trabajo cuando llego a casa. Me siento en el sofá con el móvil en la mano, revisando correos sin importancia o scrolleando sin rumbo, y siento que no descanso de verdad. Me pregunto si alguien más ha logrado establecer una rutina de desconexión digital que funcione, porque la mía claramente no.
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Cómo lograr una rutina de desconexión digital sin estrés?
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A veces me pasa lo mismo y entiendo la culpa de no desconectar; mi truco es dejar el teléfono fuera de la habitación durante la hora de cenar y llenar ese tiempo con lectura o música. La idea de la desconexión digital parece simple, pero es un músculo que hay que entrenar.
La clave está en el mecanismo: las notificaciones envían microestímulos que piden una respuesta inmediata, así que crea una ventana de 15 minutos sin pantallas al salir del trabajo y luego vas aumentando. Es desconexión digital, no una promesa milagrosa.
Quizá no sea solo el móvil, sino la expectativa de descanso perfecto; prueba a escribir tres cosas que quieres hacer sin teléfono y hazlas en esa ventana. Si fallas, no te castigues: es ensayo y error.
No me convence la idea de una única receta universal. A veces la presión social o laboral se cuela en casa; el problema podría ser la exigencia de desconectar por completo, cuando en realidad podemos reducir la frecuencia.
Me funciona dejar el móvil en modo avión y fuera de la habitación durante la primera hora en casa; luego decido si vuelvo a mirar, pero ese golpe inicial ya no te roba la cena ni la conversación.
A veces suena frívolo llamar a esto desconexión digital, pero intento ser más consciente: respiro, me siento, apago la pantalla y hago lo que sea sin tanto ruido tecnológico.
¿Y si la solución no es desconectar del todo sino reorganizar el día para que la pantalla no monopolice la casa?
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