Llevo unos meses trabajando en la identidad para una pequeña marca de café de especialidad local, y me he encontrado con un bloqueo que no esperaba. El dueño quiere transmitir tradición y artesanía, pero al mismo tiempo busca atraer a un público joven y urbano, y siento que mis propuestas de paleta y tipografía o bien caen en lo demasiado vintage y serio, o en lo excesivamente moderno y frío. No logro encontrar ese punto medio que sienta auténtico y cohesivo. La paleta cromática, en particular, se me ha convertido en un verdadero dolor de cabeza.
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Cómo lograr una identidad de marca de café que fusione tradición y modernidad?
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Suena a cuero antiguo y cacao pero con un latido urbano. La paleta cromática debería sentirse como una conversación entre una taza caliente y una pared grafiti sin parecer museo.
Si el objetivo es tradición y juventud, una paleta selecta de tonos terrosos con acentos vivos podría funcionar. Piénsalo como un marco que mantiene la calidez sin perder energía para redes sociales y materiales impresos.
Mi primera idea fue aligerar todo y fallar en transmitir artesanía. La paleta cromática se reparte entre café y chispa ¿y si probamos con una paleta vintage suave y un toque neon sutil?
Realmente importa la paleta cromática si la historia de la marca no cuaja. Suena a truco de diseño y a veces la coherencia nace de la experiencia y no del color.
Quizá el problema no es la paleta sino el marco del mensaje. Si la identidad celebra rituales de molienda y espera en la barra, podemos apoyar con colores que cambian con la luz del día y mantener la sensación artesanal sin volverse retro.
Una idea que no queda clara pero invita a mirar es la textura de papel antiguo o una impresión tipográfica que sugiere continuidad entre lo clásico y lo contemporáneo sin explicarlo del todo.
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