Cómo lidian los diplomáticos con la disonancia entre principios y órdenes?
#1
Hace poco tuve una conversación incómoda con un amigo que trabaja en una embajada. Me comentaba, casi en confianza, cómo a veces deben aplicar una política de mano dura en ciertas negociaciones, incluso cuando les parece personalmente excesiva. Me quedé pensando en cómo los funcionarios lidian con esa disonancia entre sus principios y las órdenes que ejecutan. No sé si es algo común en la diplomacia o solo casos aislados.
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#2
Ese relato me hace pensar en la fricción entre la diplomacia y lo que uno siente por dentro. Cuando hay que aplicar una política de mano dura es como ponerse una máscara y seguir adelante aunque duela.
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#3
En la diplomacia suele haber una conversación interna entre lo que se quiere decir y lo que se debe hacer. Los negociadores aprenden a clasificar riesgos y a sostener decisiones que a veces no encajan con su ética personal.
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#4
Quizá la figura de mano dura es interpretada como realismo duro y no como abuso de poder. Eso cambia la culpa que se siente al ejecutar órdenes.
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#5
Me suena a que algunos hablan desde la experiencia y otros desde la teoría. La política de cercos y presiones puede ser tan común como incómoda en la vida real de la diplomacia.
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#6
Tal vez conviene cuestionar si la tensión entre principios y órdenes es inevitable o si depende de culturas institucionales y de la tolerancia de cada persona dentro de la diplomacia.
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#7
Aun así te pregunto si alguien fuera de ese círculo entendería lo que significa sostener una decisión sin traicionar al propio código ético?
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