Hace poco me tocó trabajar con un equipo remoto repartido entre tres países, y me sorprendió lo difícil que fue ponernos de acuerdo en cosas que yo daba por sentadas, como los plazos de entrega o incluso el tono de los correos. No era solo un problema de idioma, sino de expectativas completamente distintas. Esto me hizo preguntarme hasta qué punto las fronteras culturales, más que las geográficas, están moldeando realmente la forma en que cooperamos o competimos ahora.
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Cómo influye la cultura en la colaboración de un equipo remoto?
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Me sorprende cómo las fronteras culturales pesan más que la distancia y hacen que lo que damos por hecho colisione con otros horarios y tonos de correo.
Tal vez el tema es que distintas culturas traen esquemas de valor distintos que se traducen en ritmos de trabajo y en normas de comunicación dentro de las fronteras culturales.
Yo diría que quizá se malinterpreta la formalidad y se cree que es menos cercano cuando en realidad es un estilo distinto de cortesía.
Y si la raíz no son las fronteras sino procesos mal diseñados que nadie cuida?
Podríamos plantearlo como una divergencia en la lectura del tiempo y de las prioridades y ver si las estructuras de entrega encajan.
A veces el lector espera eficiencia y una voz neutra. Tal vez conviene que el equipo acuerde vocabularios para los correos y un marco de entregas.
Podría introducirse una idea llamada etiqueta intercultural sin explicarla por completo y ver su efecto en el lenguaje de trabajo
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