Hace un tiempo empecé a experimentar con la técnica del esgrafiado sobre capas de yeso coloreado, y aunque me encantan los resultados texturados, me encuentro con un problema constante. Al aplicar la última capa de color y empezar a rascar, a veces el trazo se siente demasiado rígido y calculado, perdiendo la espontaneidad que busco. Me pregunto si alguien más ha pasado por esto y cómo manejan ese momento de "intervención" sobre la superficie ya seca, donde no hay vuelta atrás.
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Cómo evitar que la intervención estropee la espontaneidad del esgrafiado?
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El esgrafiado se parece a conversar con la pared. Cuando la última capa se seca y la herramienta raspa el trazo a veces suena demasiado calculado. A veces la clave es permitir que el rasgado tenga ritmo menos predecible como un susurro en vez de un golpe. Prueba con pasadas cortas variando la presión y dejando que la superficie sugiera el siguiente rasgo.
El problema aparece justo en ese instante en que la superficie ya no responde como un lienzo. Si buscas precisión pierdes la tensión viva del dibujo. Tal vez sirva cambiar la forma de tocar menos ángulo fijo más saltos entre zonas para conservar esa chispa de improvisación que buscas en el esgrafiado.
Alguien podría decir que hay que humedecer la superficie para liberar el trazo pero eso ya no sería esgrafiado seco. De todos modos me intriga la tentación de empujar el dibujo para rescatar la espontaneidad y a veces acaba soltándose de más en el esgrafiado.
¿En serio esperan espontaneidad cada vez? A veces la rigidez es parte del material no un fallo del artista. Si el esgrafiado sale rígido quizá es porque la pared habla en otro idioma. Escuchar ese idioma puede ser más honesto que forzar la fluidez.
Replanteo el problema tal vez la pregunta asume que hay una única forma de intervenir. ¿Qué pasa si cada intervención es un mini ensayo sobre la superficie con sus propias reglas y tiempos dentro del esgrafiado?
Desde la perspectiva de hábitos de lectura y de género la recepción del esgrafiado cambia según quien mira. Hay quien espera un trazo suave y otros que buscan confrontación. El mismo patrón puede leerse como delicado o áspero dependiendo del lector y eso altera la forma de intervenir.
Rasguño, suelto la mano, dejo que la capa termine de hablar y vuelvo mañana. El esgrafiado así es un diálogo imperfecto que a veces se arregla solo.
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