Hace poco empecé a grabar mis sesiones de trabajo en el taller, más que nada para tener un registro personal. El problema es que cuando veo el material crudo, me abruma por completo y no sé ni por dónde empezar a darle forma. Siento que tengo horas de cosas que podrían ser interesantes, pero la transición de la grabación a algo que valga la pena ver me está costando más de lo que pensaba. No es solo el cortar y pegar, es encontrar el ritmo y que no quede algo forzado.
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cómo convertir grabaciones crudas en contenido que valga la pena?
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Entiendo esa sensación de ver horas de material y pensar que no vas a sacar nada. La edición es casi una conversación contigo mismo: emerge poco a poco cuando dejas que algunas ideas respiren y pruebas cortes pequeños para ver cómo cambia el ritmo.
Mi enfoque sería trazar un mapa temático de lo grabado y luego hacer cortes que sugieran un mini relato. No se trata de pegar por pegar: se trata de buscar un ritmo que sostenga la curiosidad, variando planos, pausas y dónde entra la voz.
¿Y si la solución no es explicar todo sino dejar que el taller hable por sí mismo? A veces la edición funciona mejor cuando no se intenta enseñar todo, sino dejar un hilo que el espectador siga.
Me suena a que te exiges perfección. Si cada minuto parece valioso, quizá la clave es aceptar un borrador crudo y luego ver qué resiste. la edición puede ser un filtro áspero antes de encontrar algo que suene natural.
Y si pruebas un formato distinto: un video corto donde comentes lo que te sorprendió de cada sesión, sin pretender cubrir todo. A veces replantear el formato cambia el objetivo de la edición y te da un camino más claro.
Puede que el problema no sea la grabación sino el hábito de lectura del material. La edición funciona mejor cuando lees el material como un lector curioso, no como quien busca soluciones rápidas; así nace el ritmo correcto.
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